Nuestra historia en España


Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina


 "Las pruebas de amor y misericordia   
que el Señor nos ha dado
confirman y consolidan
nuestra fe en el futuro"
(Santiago Alberione) 


Bilbao fue la cuna que acogió a las primeras Discípulas del Divino Maestro. Allí fueron enviadas a fundar dos jóvenes religiosas italianas, sor M. Elia Ferrero y sor Bibiana Ravina, el 19 de marzo de 1935. Con mucho más entusiasmo y fe que medios económicos, las dos jóvenes comenzaron su misión entre los paulinos, ya presentes en Bilbao. Pronto se añadirían nuevas hermanas, entre ellas, sor Agostina Messa, de la que después hablaremos.
Sor Agostina Messa
en la fotografía del pasaporte
que usó para salir
de España

 En 1936, la violencia de la guerra civil española obligó a los paulinos y paulinas a abandonar España. En estas circunstancias turbulentas, no faltaron ejemplos de generosidad y entrega audaz por parte de las Discípulas del Divino Maestro. Tal es el caso de sor M. Agostina Messa, quien protagonizó un episodio digno de ser recordado: en medio de una situación sociopolítica peligrosamente agitada, Agostina quedó sola en San Sebastián, donde se encontraba por motivos de apostolado. En lugar de buscar un refugio seguro, pensó en los jóvenes y sacerdotes del vocacionario paulino de Bilbao: ¿cómo se encontrarían ellos? ¿les faltaría, quizá, lo necesario para alimentarse? Y así, Agostina se dirigió a Bilbao en un camión de violentos activistas que avanzaban gritando puño en alto, vestida de seglar y orando constantemente jaculatorias secretas por sus compañeros de viaje, que lanzaban amenazas y blasfemias a su paso por las iglesias.






Tiempo después, la agitación política llegaría a ser tan extrema que también ella tuvo que marchar a Francia, así como los jóvenes de Bilbao, acompañados por el sacerdote Desiderio Costa, fundador de la Sociedad de San Pablo en España.
En noviembre de 1938, una vez que la situación sociopolítica se hubo calmado, las Discípulas del Divino Maestro pudieron regresar felizmente a España por solicitud del fundador, Santiago Alberione, quien deseaba siempre la presencia de estas "lámparas encendidas ante el Sagrario", entre los sacerdotes y discípulos paulinos.
Fue en Bilbao donde la discípulas comenzaron a organizar su propia comunidad en la calle Dolareche y en el barrio de Matustegui, cerca de la basílica de Begoña, bajo el amparo de María.

Doradía García
El 2 de febrero de 1944 llegó la primera aspirante española: Doradía García, posteriormente, la hermana Inmaculada.
En los difíciles años de la posguerra, fue la fuerza carismática que alentaba a las primeras hermanas lo que hizo posible su permanencia y futuro desarrollo en España. Ofrecemos, al respecto, el testimonio de la hermana Concepción González, una de las primeras discípulas españolas:
"Una cosa creo que puedo afirmar como testimonio de aquellos años: el desarrollo, la fidelidad y el bien que las Pías Discípulas hicieron y harán en nuestra patria es, sin duda, como siempre, fruto del amor y de la gracia de Dios, no menos que de su fe y oración. Más de una noche vi a la madre M. Sabina ante el Tabernáculo con los brazos levantados al cielo, como Moisés. Fueron, sobre todo, los valores espirituales de las primeras Discípulas los que sostuvieron nuestra vida en España".

En esta etapa inicial de la historia cuyos hitos estamos esbozando, merece especial mención la hermana Antonieta Marello. Llegada a España en noviembre de 1949, permaneció aquí hasta 1955 y amó nuestra tierra como su segunda patria.
Antonieta fue una de las ocho primeras jóvenes elegidas por el Fundador para iniciar la congregación en Italia. De ella dijo Santiago Alberione, con ocasión de su muerte, acaecida el 1 de agosto de 1958:
Antonieta Marello (1898-1958)

Tuvo fe! Entró en la Familia Paulina cuando todavía ninguna de las cosas externas podía garantizar el desarrollo que más tarde se alcanzaría; fe, ya que sin comprender entonces el futuro apostolado al que luego dedicaría sus fuerzas, aceptó, no obstante, formar parte de la nueva institución... Las vicisitudes fueron muchas, pero ella no dudó jamás; accedía a cualquier invitación o disposición, aun cuando las cosas parecían contrarias o contrastantes. Así procedió en toda su vida y así terminó su vida". 



En la actualidad, los cambios profundos acaecidos en las últimas décadas,  que afectan a los diversos ámbitos de la vida socio-política, económica y eclesial, van configurando un nuevo rostro y una nueva identidad de la Discípula del Divino Maestro, siempre en fidelidad al carisma del Fundador. El lema del VIII Capítulo General del año 2011, “Pan partido y compartido para la vida del mundo", nos proyecta a ser voz profética en el futuro, desde nuestra condición de discípulas y apóstoles.