Señor, ¡sólo tú y basta!


Madre M. Escolástica Rivata 
Primera madre de las Pías Discípulas del Divino Maestro

Sr. M. Enza Ancona, pddm

La figura de la Madre Escolástica, hoy, es como la composición de un gran mosaico en el que, pedacito tras pedacito, el icono adquiere su forma y su luminosidad. En efecto, su historia va saliendo poco a poco a la luz, también gracias al trabajo de algunas hermanas empeñadas en el Secretariado de Espiritualidad para transmitir "las memorias del pasado y poder, así, mirar al presente... y construir el futuro.

El hilo conductor de la vida de Madre Escolástica lo encontramos en una frase que ella pronunció en la intimidad de su corazón cuando estaba en la plenitud de su juventud, renunciando a una propuesta de noviazgo: "¡Señor, sólo tú y basta!".
        
Todo su camino espiritual corresponde a una gradual concreción de este grito del corazón. Me parece útil recorrer algunas fechas significativas de la vida de Madre Escolástica, precisamente porque la experiencia de Dios se encarna en la historia vivida de esta persona que acepta ser fecundada por el amor de Dios para que otros hallen la vida.
       
        
        El 12 de julio de 1897 nace en Guarene (CN) Úrsula María, primogénita de Antonio Rivata y Lucía Alessandria. Al día siguiente recibe el Bautismo en la iglesia de los Santos Pedro y Bartolomé. La familia Rivata será bendecida por el Señor con el nacimiento de nuevos hijos: Josefina, Clotilde y el hermano pequeño, Santiago, que el Señor se llevó pronto consigo.
       
        Con la edad de sólo seis años, Úrsula comienza a hacer la experiencia de dolor: el 8 de julio de 1903 muere su madre, Lucía. El misterio de la cruz la marca desde pequeña y la ayuda a expresarse como persona; se da cuenta de que es la mayor y que tiene que sostener a los otros. Así desarrolla un profundo sentido de responsabilidad y de sabiduría práctica. Papa Antonio era un patriarca, un hombre íntegro, trabajador incansable. Tiene una fe firme y Úrsula aprende de él a no desanimarse ante las dificultades. En 1904, el padre de Úrsula pasa a segundas nupcias, casándose con Josefina Bertolotto. A Úrsula le cuesta aceptar a la nueva madre; es muy diferente de la primera; aunque poco suave y amable, será llamada siempre "mamá" por las hermanas Rivata, y es de ella de quien aprende a crecer en la fe. Úrsula, en efecto, crece como una niña guapa, abierta, sociable, viva; la llaman "angelita". Frecuenta durante cuatro años la escuela primaria y aprende con facilidad. A los siete años, en 1904, recibe la primera comunión, primera etapa importante de su camino espiritual. Intuye un misterio muy grande, siente el atractivo de acercarse con frecuencia a la Eucaristía; y lo hará las veces que pueda, hasta la comunión cotidiana. A la edad de doce años (1909) recibe el sacramento de la confirmación y comienza a sentir el deseo de hacer apostolado: hacer el bien.
        
       En la adolescencia, Úrsula empieza a hacer sus primeras experiencias de trabajo: a los quince años trabaja en una hilandería, hasta los diecisiete. Aquí encuentra y establece amistad con Eufrosina Binello, una de las primeras Hijas de San Pablo, hermana de Sr. Teresa Binello, una de las primeras ocho Pías Discípulas. Trabaja en los campos junto a su padre y adquiere habilidad para la costura de cara a las necesidades de su familia. Durante dos años, Orsolina (así se la llamaba ordinariamente), ofrece su servicio en una familia de Alba. Es una chica viva, humana y espiritualmente madura; participa en la vida parroquial, posee una bonita voz y le gusta cantar.

  
En 1921, en Alba, un sábado, en la librería donde va a comprar "buenas lecturas", encuentra al padre Santiago Alberione, que la invita a entrar en "la casa", en San Pablo.

El 29 de julio de 1922, papá Antonio acompaña a su primogénita a San Pablo y la entrega al Señor Teólogo (Así era llamado el Padre Alberione).

El 21 de noviembre de 1923, con la palabra del fundador, el padre Santiago Alberione, "poned aparte a Úrsula y Matilde", comienza el tiempo de preparación de la nueva familia precedida por la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo y de las Hijas de San Pablo.

Un mes después, a las vísperas de la Navidad de 1923, el padre Alberione da el anuncio oficial, a la Casa Paulina, de la constitución del nuevo grupo: "Hemos puesto aparte a Ursulina y Matilde para formar una familia que se dedique a la oración, al culto del Divino Maestro eucarístico, a la alabanza perenne en reparación de los pecados que se cometen con la prensa mala, en el silencio y recogimiento".

El 10 de febrero de 1924, el día de Santa Escolástica, comienza con las primeras ocho postulantes la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Úrsula es puesta como responsable del grupo; con la Primera Maestra, Tecla Merlo, se prepara en "gran secreto" para la toma de hábito.

El 25 de marzo del mismo año, con la toma de hábito, hacen la profesión religiosa privada ante la presencia del fundador, el padre Santiago Alberione. Úrsula María recibe el nombre de Sr. Escolástica, como la hermana de San Benito, la mujer que "pudo más porque amó más"; lo mismo será para Madre Escolástica dentro de la Familia Paulina.

Mientras tanto, la congregación, por benevolencia del Maestro Divino, crece con nuevos miembros; Madre Escolástica ejerce su ministerio de responsable con gran dedicación, delicadeza, atención hacia sus hijas. Sor Escolástica tiene responsabilidades organizativas, pero no aparece, no tiene un rol jurídico (las Pías Discípulas aún no estaban aprobadas jurídicamente) en la comunidad. Trabaja en la cocina. En el taller, en la huerta, es una más entre las hermanas.

Obediente al Fundador, y también, con frecuencia, humillada, es madre y hermana, y, partiendo del don de sí misma, de la intercesión y de la reparación, vive su Apostolado Eucarístico-Sacerdotal-Litúrgico, en el escondimiento sereno y luminoso, sostenido y alimentado por el amor a la Eucaristía, en la que encontrará fuerza para acoger el misterio de Dios, revelado con frecuencia en la cruz y en el sufrimiento, componentes que han marcado profundamente su luminosa y sencilla existencia.

En 1936, Madre Escolástica es sustituida en su oficio de responsable de las Pías Discípulas por la Maestra Teresa Raballo, de las Hijas de San Pablo. En este tiempo, en Alba, había surgido una situación un tanto difícil. Madre Escolástica no se defiende, calla, confía al Divino Maestro las comunidades, las hermanas de cerca y de lejos; le basta hacer la voluntad de Dios. Marcha a Roma y luego a Egipto, la nueva fundación, en la que permanece dos años.

En 1938, el padre Alberione la vuelve a llamar a Italia y a Alba; pasada la tormenta, reanuda, humilde y serena, sin rencor ni añoranzas, su puesto de Madre de las Pías Discípulas. Continúa sirviendo al Señor en los hermanos y hermanas, en un silencio que es dinamismo vital, haciendo de su existencia un continuo acto de amor, para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

En 1946 llega la gran prueba: por orden de la Sagrada Congregación de los Religiosos, se le quita el mandato de responsable de las Pías Discípulas y se la aleja, por considerarla rebelde y arbitraria en la defensa de la "causa" de las Pías Discípulas (el p. Alberione y la Maestra Tecla estaban visitando las comunidades de América). Madre Escolástica no es comprendida, se la rechaza, es casi anulada. La humildad y la fe no se improvisan, están arraigadas en ella. "Todo ha sido dispuesto por el Señor", escribe al sacerdote Timoteo Giaccardo. Tiene momentos de rebeldía y de desánimo, pero se fía del Señor, con la seguridad de que en Él no quedará defraudada. La Madre vive en la pequeñez, en la soledad, en el abandono... y en el anuncio pascual, que llegará y en el que cree. Vive su primer período de "destierro" en la Villa San José, casa de la Sociedad de San Pablo, en Vía Portuense, 746.

El 21 de julio, de Alba va a París, para una nueva etapa de "destierro". Madre Escolástica lee la historia como "historia de salvación", acepta la vida de escondimiento y se entrega con plena disponibilidad, dejando que sea Dios su defensor, su fuerza su todo. El "Señor, ¡sólo Tú y basta!" de su corazón juvenil permanece ahora en el camino hacia la "plana madurez en Cristo". Durante este período de tiempo, la Madre Escolástica escribe varias cartas al padre Giaccardo, al padre Alberione, a Sor M. Lucía Ricci, y a otras hermanas "mayores", porque en cuanto Madre, está preocupada por la "suerte" de sus hijas. La prueba se endurece y, mientras se espera la vida, el 24 de agosto de 1946, se decreta la supresión de las Pías Discípulas. El grano de trigo está enterrado bajo tierra.

El grano de trigo está enterrado bajo tierra. Y aquí comienza la dinámica de la vida, por lo que a principios del año 1947 se procede a una nueva petición de aprobación, y el 3 de abril de 1947 llega el anuncio pascual: en Alba, erección canónica de las Pías Discípulas del Divino Maestro como Instituto diocesano. Por voluntad expresa del Fundador, la Madre Escolástica es reconocida como primera ex superiora general de la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro.

En 1948, el 12 de enero, la Congregación recibe la aprobación pontificia; el "grano de trigo" ha dado su fruto en espiga gloriosa. El 24 de enero, la Madre recibe el mandato de maestra de las novicias en Argentina; en 1957 vuelve a Roma para participar en el primer Capítulo General de las Pías Discípulas, al final del cual regresa a Argentina. En 1963 vuelve a Italia y del 12 de mayo al 1 de junio participa en el curso extraordinario de ejercicios espirituales.

En 1969 participa en el 2º Capítulo General; en 1973, de Alba es trasladada a Roma, a la comunidad de vía Portuense. En 1981 participa, sólo en parte, por motivos de salud, en el tercer Capítulo General.

En septiembre del mismo año va a la comunidad de Sanfré (CN), porque su salud está en fuerte declive. El 7 de marzo de 1984 comienza a tener dificultad de palabra y, poco a poco, la pierde del todo, entrando así en el SILENCIO, SILENCIO, SILENCIO. El 24 de marzo de 1987, en Sanfré, mientras la comunidad canta las primeras Vísperas de la solemnidad de la Anunciación del Señor, siguiendo las huellas de María, la mujer del AMÉN, Madre Escolástica pronuncia su definitivo "HEME AQUÍ" y descansa en el Señor, hallando en Él plenitud y bienaventuranza.

Lección de Vida

Descubrir a Madre Escolástica es el camino para beber en el carisma original de las Pías Discípulas, apto para engendrar y conservar la vida, y que nuestra Madre encarnó "abandonándose en la fidelidad de Dios".

Escolástica es aquella mujer que se alimentó con la Palabra del Maestro Divino, que supo escoger "la parte mejor". Toda su larga y sencilla existencia ha sido un "perderse" por amor, en la adhesión incondicional al proyecto de Dios en su vida. En ella puso Dios su complacencia, haciéndole el don de una relación íntima, profunda, vital con Él, que es el Señor de la vida y de la historia.

Alimentada en la oración, sostenida por la fuerza renovadora de la Eucaristía, Madre Escolástica "canta" la primacía de Dios en su vida: "SEÑOR, ¡SÓLO TÚ Y BASTA!".

En la escuela del Maestro aprendió el silencio, típico de la vocación de Pía Discípula; un silencio que no es repliegue estéril o pura ausencia de palabras o vacío de ruidos, sino plenitud de vida interior, comunión con el Divino Maestro. Ella nos enseña a vivir el don de la vocación, en su triple expresión Eucarística - Sacerdotal - Litúrgica, en una actitud de entrega, de gratuidad y del amor característico de una madre, es decir, de quien sabe engendrar a otros para la vida.

El Señor condujo a esta Primera Madre nuestra por un camino de libertad interior, a través de la desapropiación de sí misma; ella experimentó el sufrimiento, el miedo, la tiniebla, el fracaso, el desierto, la humillación, pero todo esto la llevó a realizar un itinerario espiritual de transfiguración en Cristo. Con su vida humilde y serena, Madre escolástica nos enseña a contar sólo con Dios, dejando caer nuestras seguridades, nuestros esquemas, nuestras defensas, nuestros pensamientos embebidos de protagonismo, para que puedan hallar sitio en nosotras los esquemas y los pensamientos de Dios.

Mujer humilde, silenciosa, orante, Madre Escolástica nos transmite un mensaje importante para nosotras hoy, que todavía estamos en camino, en la búsqueda del rostro del Señor. De ella aprendemos a recuperar el valor del silencio, del servicio hecho por amor, de la importancia de la oración, del discernimiento, de la Palabra del Señor, que nos forma y se convierte para nosotras en norma de conducta, del morir para dar la vida y la vida en abundancia.

En ella vemos a una mujer que se dejó aferrar, salvar, amar por Cristo, hallando en Él el sentido pleno de su existencia. La imagen del "grano de trigo que muere" no es simplemente una bella metáfora, sino que es la realidad de su vida.


Su testimonio se convierte para nosotras en desafío y casi provocación en medio de una humanidad que parece haber perdido todo significado y sentido. El decidirse por Cristo, éste es el mensaje que nosotros, consagrados, podemos ofrecer a los jóvenes de hoy, siendo testigos de la primacía de Dios en nuestra vida, y de que la fe es el camino de nuestra libertad, que se abre a la iniciativa de Dios. 


Madre escolástica es, para las nuevas generaciones de las Pías Discípulas, y no sólo para ellas, una testigo de la fidelidad de Dios, en el hoy de la historia.